sábado, 8 de diciembre de 2012

PISANDO FUERTE


Pisando fuerte.

Como cada jueves, Elena se levantaba con dificultad. La magnitud con la que la cama la absorbía para volver a incitar al sueño era tan grande que cada mañana necesitaba unos 20 minutos de reflexión para, finalmente, lograr levantarse. Se dirigía al espejo y se lavaba la cara. De frente, ante su reflejo, cada mañana se decía lo mucho que valía y cuantas cosas había hecho para conseguir ser la gran persona que era. Decidida y, sin ningún temor, Elena vestía cada día con su vestido rojo cereza y salía a la calle con unos taconazos de infarto, aunque luego, en su lugar de trabajo, debía llevar el uniforme unisex. 


Pero a Elena le gustaba sentirse mujer y que todos vieran y admiraran su belleza. No se consideraba arrogante por pensar así, pero si se sentía orgullosa de su cuerpo, su cara y su forma de ser. 

Y esto es así porque Elena, cada mañana se dirigía al espejo y se lavaba la cara. Y allí justamente ante su reflejo, cada mañana se decía cuanto valía. Porque Elena quería olvidarle a él, olvidar sus palabras, olvidar su pasado y empezar a escribir un gran futuro. Su futuro.