Somos piezas de un PUZZLE
La vida se trata de una senda colmada por numerosas piedras. En esa senda, ese camino que cada individuo traza hacia su porvenir, tenemos que ingeniárnoslas para conseguir superar cada una de esos obstáculos inertes que se entrecruzan en el quehacer de cada uno.
Poco a poco, todo el mundo acaba por guiar su brújula hacia un camino concreto. Algunas de esas brújulas son sinceras y puras y llevan al individuo hacia el camino correcto, hacia el éxito y la superación. Sin embargo, otras tantas parecen traer defectos de fábrica y terminar por desviar a la gente de su camino, encerrándolas en una jaula de cristal: transparente, de la que no pueden salir y totalmente hermética, en la cual se ahogan.
Después de todo, cada uno de esos caminos finaliza de la misma manera. Ahora cambiamos nuestro camino por un río. Así pues, el destino final correspondería al mar, donde desembocarían todos esos ríos que en un principio eran tan diferentes y presentaban obstáculos tan distintos.
Al fin y al cabo, todos acabamos en el mismo lugar aunque emprendamos senderos desiguales.
Pero no todo tiene que sonar tan austero, tan grave. Y es que durante ese sendero, ese camino, ese río que acaba desembocando en un mar común, tenemos la oportunidad de enlazarnos con otro camino, de unirnos a este como si se tratase de un puzzle, de manera que al encajar tan bien esos caminos no se separarán jamás
Y de este modo, comprenderás que poco a poco te vas uniendo a más piezas de ese puzzle, piezas que serán realmente necesarias en tu camino, piezas que terminarán por desembocar en el mismo río. Y es que da igual que brújula haya sido la que la haya guiado y da igual cómo haya llegado a parar a ese inmenso mar, en el que yacen muchas más piezas, formando así el puzzle más grande que verás en todo tu camino, un puzzle en el que todos encajamos de verdad.
